¿Coleccionamos para disfrutar o estamos cuidando las piezas para su próximo dueño? Una reflexión sobre el valor, la nostalgia y aquello que realmente hace especial a una colección.
Hay piezas que compramos para disfrutarlas y otras que, sin darnos cuenta, empezamos a guardar para alguien más. Las dejamos cerradas, intactas, esperando que algún día valgan mucho más.
Pero, ¿en qué momento cambiamos el gusto por la expectativa del próximo dueño?
Mi historia como coleccionista no comenzó buscando una pieza rara, ni pensando en cuánto podría valer algo algún día. Comenzó con tres autos.
Me los regaló una tía cuando yo era niño. En aquel momento eran simplemente eso: tres autos para jugar. Los abrí, los saqué de su empaque, jugué con ellos y los disfruté como cualquier niño lo habría hecho.
Hoy tienen marcas. Tienen desgaste. Tienen las huellas de todos aquellos años de juego.
Pero con el tiempo entendí algo que cuando era niño no podía comprender: mi tía no tenía mucho dinero. Para ella, comprarme aquellos tres autos había representado un esfuerzo, un gasto importante dentro de sus posibilidades.
Y fue entonces cuando aquellos autos adquirieron otro valor para mí.
No porque fueran raros.
No porque una guía dijera que valían determinada cantidad.
No porque Internet los hubiera convertido en piezas buscadas.
Sino por quién me los había regalado.
Muchos años después, alguien vio aquellos autos y me dijo algo parecido a:
“¿Sabes lo que tienes? Esto vale tanto. Te los compro.”
Le dije que no.
Porque mientras esa persona veía tres autos y una cantidad de dinero, yo veía a mi tía, veía mi infancia y recordaba todas aquellas horas de juego.
Podían ofrecerme su valor de mercado, pero no podían pagarme mi valor.
Y quizá por eso, después de tantos años dentro de este mundo, cada vez me hago más la misma pregunta:
¿Qué te mueve cuando encuentras esa pieza especial?
¿Las ganas de abrirla, tenerla en tus manos y disfrutarla?
¿O inmediatamente aparece un signo de pesos en tu cabeza y empiezas a preguntarte cuánto podrá valer dentro de diez o veinte años?
Cuando el gusto se convierte en expectativa
Muchas veces todo comienza de manera muy sencilla.
Ves una pieza que te gusta. Es bonita. Está de moda. La compras.
Pero después empiezas a escuchar historias.
Que alguien compró una pieza por 30 o 40 pesos y años después la vendió por miles. Que alguien encontró en un tianguis, prácticamente regalado, algo que hoy vale una fortuna.
Y entonces aparece el pensamiento:
“Esta no la voy a abrir.”
“Esta la voy a guardar.”
“Mejor compro dos.”
“Una para mí y otra para vender después.”
Y poco a poco puede cambiar la razón por la que comenzaste a coleccionar.
Ya no compras únicamente porque algo te gusta. Empiezas a comprar imaginando lo que podría valer mañana.
El problema es que no todo lo viejo se vuelve valioso y no todo lo que hoy es popular será raro mañana.
Encontrar una pieza verdaderamente extraordinaria por unos cuantos pesos puede suceder, claro. Pero es la excepción, no la regla.
No podemos construir una colección pensando que vamos a encontrar el Santo Grial en cada pasillo de un supermercado.
Y mientras esperamos esa supuesta revalorización, puede ocurrir algo curioso: dejamos de disfrutar las piezas.
No las abrimos.
No las tocamos.
No jugamos con ellas.
No las exhibimos.
Simplemente las custodiamos.
Y entonces aparece una pregunta incómoda:
¿Seguimos siendo coleccionistas o nos estamos convirtiendo en guardianes del próximo dueño?
Cuando coleccionar empieza a convertirse en acumular
Colecciono desde los 10 años y hoy tengo 47.
Durante todos estos años he coleccionado muchas cosas: tarjetas, lápices, plumas, artículos y merchandising relacionado con la NFL y, especialmente, autos a escala.
Con los autos pasé por diferentes tamaños: 1:18, 1:24, 1:32 y otras escalas. Me gustaban por sus detalles, porque eran modelos icónicos o simplemente porque veía uno y pensaba: “Ese está precioso”.
Pero apareció uno de los grandes problemas que tarde o temprano enfrenta cualquier coleccionista:
¿Dónde voy a poner todo esto?
Porque una cosa es comprar una pieza y otra muy diferente es conservarla, exhibirla, protegerla del polvo y evitar que se deteriore con el tiempo.
Y ahí aprendí una de las lecciones más importantes que me ha dejado el coleccionismo:
No puedes tenerlo todo. Y tampoco necesitas tenerlo todo.
Por eso terminé enfocándome mucho más en la escala 1:64. Es más pequeña, más manejable y me permite disfrutar una colección más amplia sin necesitar una bodega para guardarla.
Pero incluso dentro de una escala tan grande como 1:64 hay que aprender a elegir.
Porque si compras todo lo que te parece bonito, tarde o temprano puedes dejar de coleccionar para simplemente empezar a acumular.
Dale identidad a tu colección
Ese sería uno de mis principales consejos para alguien que comienza:
Enfócate.
Encuentra aquello que realmente te gusta.
Si son Porsche, puedes enfocarte en Porsche. Quizá solamente en determinados modelos.
Si son Ferrari, puedes buscar una línea determinada, colores particulares o piezas menos comunes.
Si te gustan los 4x4, tienes todo un mundo para explorar, pero eso tampoco significa que tengas que comprar cada 4x4 que aparezca frente a ti.
Incluso si decides coleccionar Hot Wheels, puedes especializarte todavía más: una serie, una línea, modelos Premium, determinada marca, determinada época...
Dependerá de tus gustos, de tu espacio y, por supuesto, de tu presupuesto.
Porque una colección no necesariamente mejora por tener más piezas.
A veces mejora cuando empiezas a decir no.
Cuando dejas pasar una pieza porque, aunque todos la estén buscando, simplemente no pertenece a lo que tú quieres construir.
No se trata de tener todos.
Se trata de saber cuáles quieres tener y por qué los quieres tener.
También se vale hacer negocio
Y quiero dejar algo muy claro: no existe una sola manera correcta de vivir este mundo.
Si quieres coleccionar por nostalgia, es válido.
Si coleccionas por historia, es válido.
Si compras porque simplemente te parecen hermosas las piezas, también es válido.
Y si compras para revender y ganar dinero, por supuesto que también es válido.
Yo mismo vendo y colecciono.
Pero si tu intención principal es comprar para vender en el futuro, entonces conviene reconocer que estás entrando también en otro terreno: el negocio.
Y un negocio requiere entender el mercado, investigar precios, conocer la demanda, estudiar la rareza de las piezas y saber qué estás comprando.
Si realmente quieres dedicarte a encontrar piezas de enorme valor, la búsqueda se vuelve mucho más especializada. Ya no es solamente ir de compras esperando tener un golpe de suerte. Se convierte prácticamente en una cacería profesional dentro de un nicho muy específico.
Por eso creo que es importante preguntarnos cuál es nuestra intención.
No porque una intención sea mejor que otra, sino porque saber por qué coleccionamos puede evitar que terminemos comprando por moda, por presión o por la fantasía de una ganancia que quizá nunca llegará.
Las redes sociales siempre nos van a bombardear con la pieza extraordinaria, el descubrimiento increíble y la historia del objeto comprado por casi nada que terminó valiendo una fortuna.
Pero detrás de esas historias excepcionales existen miles y miles de piezas guardadas durante años que nunca alcanzaron aquel supuesto valor.
Por eso mi recomendación es sencilla:
No le des únicamente un valor a futuro. Dale valor a lo que significa para ti en este momento.
Pregúntate:
Si supiera que esta pieza jamás va a subir de precio, ¿aun así la compraría?
Quizá la respuesta te diga mucho sobre la colección que realmente quieres construir.
Hay historias que no están a la venta
Al final, siempre vuelvo a aquellos tres autos.
Están abiertos.
Están jugados.
Tienen marcas.
Ya no existe aquel empaque perfecto que alguien podría haber querido conservar durante décadas.
Y no me importa.
Porque cuando los veo no pienso en cuánto cuestan.
Pienso en quién me los regaló.
Pienso en el esfuerzo que había detrás de aquel regalo.
Pienso en mi infancia.
Y pienso en todas aquellas horas de juego.
Si pudiera regresar a ese momento sabiendo todo lo que sé hoy, los volvería a abrir.
Volvería a jugar con ellos.
Porque algunas piezas pueden tener un precio, pero otras terminan convirtiéndose en parte de nuestra historia.
Y hay historias que no están a la venta...
